sábado, 8 de agosto de 2015

El milagro al final de los recuerdos II


       La voz del padre sonó, en estas últimas palabras triste, y Laura lo sintió. El padre intentó disimular ese sentimiento pero su hija, a pesar de tener seis años, era consciente de que esa historia ocultaba algo más. Miró el retrato de la foto antigua y preguntó:

         —Papi, ¿los trece hijos de la historia son tus trece hermanos?—preguntó.

         Él reaccionó ante la perspicacia de su hija y le sonrió. Fue una sonrisa disimulada, incluso forzada, pero bastó para que su hija no estuviera triste.

         —Sí, Laura.

         A lo lejos, el ruido de su mujer en la cocina despertó a los dos del trance en que la historia los había sumergido.

         —Anda, ve y ayuda a tu madre con la cena—Laura asintió y se alejó de su padre, no sin antes abrazarlo y darle un beso. Observó cómo su hija trotaba por el comedor hasta la cocina.

         El padre se levantó del suelo y atizó el fuego. Sí, la historia que le acababa de contar a su hija estaba basada en la historia de sus trece hermanos. Cada vez se acordaba de ellos y no podía evitar preguntarse qué harían, si estarían bien o si se acordarían de él. Desde que su hermana mayor se fue de la casa familiar, el resto de la camada hizo lo mismo: todos querían conocer mundo y buscar su propio camino.

         De los catorce, solo quedó él a cargo de la casa familiar y del cuidado de sus padres. Algún hermano o hermana, de vez en cuando, visitaba la casa familiar, pero desde que murieron sus padres, de eso hacía un año ya, no los volvió a ver. Y en esas fechas tan señaladas, la visión del marco, la foto en la que aparecía con sus trece hermanos y sus padres, lo traspasó bien hondo.

         En su interior, yacía el miedo de no volver a verlos nunca más.

         Intentó desviar esos pensamientos mientras oía la voz de su hija Laura y de su mujer en la cocina, pero al verlas deseó profundamente que el resto de sus hermanos estuviera ahí con él y su familia, sobre todo con Laura.

         Desvió la mirada y terminó de atizar el fuego. Y en ese preciso instante, ocurrió algo inesperado. La familia oyó como la puerta era golpeada desde fuera. Eso le extrañó al padre, puesto que la nieve caía con gran fuerza y nadie se atrevería a salir.

Su mujer salió de la cocina y corrió a la puerta. Ni siquiera se había quitado los guantes, cuando al abrir el gran portón de la entrada, emitió un pequeño grito que sobresaltó a Laura y a su padre. Éste miró a su madre con gesto preocupado.

         —¿Sucede algo?—se levantó del suelo y se acercó a ella.

         —No puede ser—dijo con una voz apenas audible.

         Se acercó hacía la puerta y el atizador que llevaba en las manos cayó al suelo al segundo de ver quién había tocado. La pequeña Laura vio a sus padres quietos, sin moverse y se acercó a dónde estaban ellos. Cuando se abrió paso entre las piernas de sus padres, se quedó con la boca abierta.

         —¡Tíos!-dijo eufórica. Saltó hacia ellos y uno de los hermanos pequeños de su padre la cogió.

       —Estáis aquí—dijo el padre. Al observar a sus hermanos y sus respectivas familias con sus hijos, unas lágrimas cayeron por sus mejillas—. Habéis venido.

         El hombre que había recogido a la pequeña Laura le sonrió. Todos y todas entraron en la casa que una vez fue su hogar, que tantos recuerdos guardaba para los catorce hermanos. Laura observó a sus primos y jugó con ellos. A algunos los conocía, a otros no, pero en seguida formaron un gran círculo en torno a la chimenea y se dispusieron a contar historias navideñas. Su padre y su madre no podían creer lo que estaba ocurriendo.


Finalmente, al hallarse en el interior de la casa toda la inmensa familia, el padre de Laura se dispuso a cerrar la puerta y justo antes de cerrarla, vio en la lejanía dos sombras, dos personas mayores cogidas de la mano: sus padres. Volvió a mirar bien y estos le sonrieron y solo un segundo después desaparecieron de su vista. Creyó estar por un segundo loco al ver los fantasmas de sus padres muertos, pero no le importó. Sus padres, aunque hubiera sido por unos segundos, y sus trece hermanos, junto con su esposa e hija estaban reunidas por Navidad.

OTRAS PARTES: I