sábado, 14 de noviembre de 2015

Más allá de la realidad I

¡Hola! Tras dos días de intensa lucha para saber cómo se hace un banner (y creo que ya lo he conseguido), he decidido subir esta historia que empecé para Sttorybox, pero que luego quité.
Antes de empezar, me gustaría mandar mis condolencias a las familias de las víctimas del atentado de París. El mundo está con vosotros.

I

"El futuro está lleno de enigmas y de encrucijadas y aquel que las resuelva tendrá el poder de cambiar lo que está escrito"

—Venga chicos una vez más— Walter estaba al otro lado del espejo con dos hombres más. Dentro de la cabina de audio, había cuatro chicos que no eran absolutamente normales: los Black Star, una revolución auténtica de música sin precedentes. Estaba formado por: Alexander y Sky, los vocalistas, Tom, el pianista, y Brandon, el guitarrista. 
Ellos se habían criado prácticamente juntos. A decir verdad, se veían como hermanos y nada podía separarlos. 

Sky y Alexander se pusieron los cascos y los otros volvieron a situarse con sus instrumentos. Tras la voz suave de Sky, Alexander agarró los casos y prosiguió:

Tus ojos son haces de luz
que iluminan la oscuridad
de mis pensamientos.

De repente, el vocalista se sintió mal. Sus piernas flaquearon y su vista comenzaba a nublarse. Volvía a ocurrir. Su mayor secreto amenazaba de nuevo.
Todos pararon de tocar.

—Tío, ¿qué ocurre?—Brandon, que estaba más cerca, lo sostuvo. El resto también fue a él y Walter entró.

— ¿Qué está pasando aquí?-Walter entró, precipitado.

—N-nada...—murmuró Alexander. Se sacudió el pelo y se incorporó.

—Creo que podríamos dejar el ensayo para mañana—recomendó Brandon.
El jefe asintió, aunque miró a Alexander con desconfianza.

Apagaron los instrumentos. Después fueron a su camerino y Alexander se echó en el sofá.

—Otra vez te ha vuelto a ocurrir, ¿no?—Brandon se apoyó en la mesa y miró a su colega. Sky y Tom estaban en la otra punta jugando al billar.

El camerino contaba con todos las comodidades para los chicos. Poseía un gran ventanal que daba a la ciudad y se podía ver los altos edificios con sus puntas rozando las nubes del cielo.

—Sí—le contestó Alexander.

Brandon, dentro de la banda, era su mejor amigo.

—Tíos, hemos quedado en el Rosa Negra para cenar. ¿Os venís?— preguntó mientras se cambiaba la camiseta.

Aunque los cuatro fuesen muy amigos, había ciertas cosas en las que se diferenciaban: Tom tenía por hobby pintar en el balcón de su ático los atardeceres con su novia. A Brandon se le conocía como el chico de los deportes de riesgo y Sky se vanagloriaba de ser “la imagen” del grupo, ya que siempre salía en las portadas de las revistas y de los anuncios publicitarios, además de ser un asiduo de los y discos más exclusivos de la ciudad.

Y, por último, estaba Alexander. El gran enigma del grupo. No salía con nadie y nunca ofrecía entrevistas. Simplemente se limitaba a componer canciones melancólicas y románticas. Lo más personal que poseía era un secreto que solo Brandon, y dos personas más conocían. Si alguien más se enterara de que podía ver el futuro, lo encerrarían de por vida en un manicomio.

—No, Sky, no voy. He quedado con Nicole—dijo Brandon.

—Desde que estás fuera del mercado, te has vuelto muy aburrido— afirmó Sky. Brandon le asestó un codazo y Tom soltó una carcajada—. Está bien, nos vemos mañana—Sky recogió su chaqueta y su mochila y con la mano se despidió de sus compañeros. Tom hizo lo mismo y ambos salieron del camerino.

Cuando los dos, Brandon y Alexander quedaron a solas, este último suspiró y se llevó las manos a los ojos.

—Si necesitas a alguien para hablar, puedo cancelar la cita con Nicole—sugirió Brandon. Alexander negó con la cabeza y se levantó del sofá.

—Ve con Nicole, os lo merecéis.

—¿Es que acaso nos has visto a ella y a mí en tus visiones?—Brandon se puso colorado.

—No, tranquilo—Alexander negó con la mano—.Simplemente, prefiero pasar el resto del día en casa.


Brandon asintió, pero con gesto preocupado. Alexander era su mejor amigo y había visto los estragos que causaban en él las visiones, incluso en sus días mejores. Ambos anduvieron hasta la salida y tomaron caminos distintos. Alexander observó cómo Brandon desaparecía por la calle con su moto. A veces sentía envidia de él y del resto de la banda. Eran chicos normales, con sus vidas propias, pero él vivía atado a una maldición que ni siquiera sabía por qué tenía. Alexander se puso la gorra y las gafas del sol y echó andar por las calles de la ciudad, absorto en la visión que acababa de tener.
OTRAS PARTES: II