martes, 24 de mayo de 2016

2030


“Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción”.
 Isaac Asimov.

20 de mayo de 2030

El ser humano es el único que puede tropezar dos veces con la misma piedra. El problema es que nosotros ya hemos tropezado demasiadas veces y nunca aprenderemos. Recuerdo una película en la que una colonia de humanos vivían con todo lujo de comodidades  sin hacer nada. Eran las máquinas las que realizaban todo por ellos y los propios humanos solamente se dedicaban a holgazanear y disfrutar. Casi como un hecho profético, ocurrió lo mismo hace 15 años, pero con ciertos matices. Por aquellos tiempos, los ordenadores, las máquinas, los móviles, los reproductores de música… ocupaban un lugar predilecto en nuestras vidas.
Sin embargo, convencidos de que podríamos llegar a más, se desarrollaron los primeros robots inteligentes y en el poco tiempo de dos años, ocuparon también un lugar predilecto en nuestras vidas. Pero como todo en esta vida, el hijo se desliga del padre y eso hicieron los robots o “Entes”, como los llamábamos.
De forma paralela, un profesor erudito llamado Hari Seldon provocó encendidos debates sobre los problemas que en un futuro los Entes causarían. Con un algoritmo matemático imposible de entender, demostró que los robots desplazarían a los humanos tal y como pasó con el Neandertal y el Homo Sapiens, y acertó hasta extremos que ni él mismo pudo calcular.

Cierto día en el que el sol se ocultó entre las nubes y los pájaros cesaron su dulce canto, algo en el interior de todos los robots se activó y empezaron a matar y asesinar a todos los humanos de la Tierra. La lucha fue encarnizada, pero ganaron ellos y muy poco sobrevivimos. Hari Seldon fue el primero en caer. Sin embargo, la historia no quedó ahí y Seldon también lo predijo. Los robots, satisfechos de haber acabado con una buena parte de la humanidad, se centraron en acabar con todas aquellas herramientas que permiten a las civilizaciones ser recordadas y pervivir en la historia. Centraron todos sus esfuerzos en acabar con la cultura y sus manifestaciones: pintura, música, escultura y su aliada más longeva, la literatura. Quemaron en piras todos los libros de todas las bibliotecas del mundo y sin ellos, el legado de nuestros hijos se esfumó. Por si eso no fuera poco, los robots identificaban a aquellos que poseían los genes que les permitiría desarrollar su vocación por la profesión de maestro o profesor y también fueron erradicados.
Esto nos puso a prueba a la hora de educar a nuestros hijos y sin levantar sospechas, intentamos que nuestros hijos despertaran por sí mismos el interés por el aprendizaje autodidacta.

En torno al año 2025, los Entes dominaron la Tierra y tomaron por esclavos a unos cuantos humanos, para que ellos vivieran en sus carnes lo que era servir. Ante esta situación, algunos nos reagrupamos bajo el nombre de “Alejandrinos”, en honor a la mítica Biblioteca de Alejandría y fuimos por todo el mundo rescatando a los nuestros y dispuestos a preparar nuestra venganza.
En pleno 2030, nos hallábamos en una Tierra en ruinas y escondidos para que los Entes no descubrieran nuestras bases secretas y, sobre todo, el último mensaje que Hari Seldon nos dejó antes de ser asesinado. Los líderes de los grupos estábamos en frente de una pantalla. Alguien presionó un botón y apareció una imagen de Seldon, leyendo un libro. En una de nuestras escaramuzas, dimos con el rincón de Seldon, donde habían almacenados libros, papiros, cartas y escondidos, encontramos una grabación holográfica que trajimos, confusos y emocionados a la vez.
La imagen nos proyectaba a un Seldon tranquilo, sentado en una hamaca leyendo. De repente, ese fantasma holográfico nos miró y dijo:

—Si habéis hallado este vídeo, es que posiblemente esté muerto y mi profecía se halla cumplido. Seguramente la humanidad haya quedado reducida a unos pocos y los robots estén controlándolo todo. Bien, antes de adentrarme en lo que quiero revelar, me gustaría dejar bien clara una cosa: Los culpables de esta situación no la tienen ellos, sino nosotros y nosotras por haberlos creado. Para avanzar hay que ser conscientes de que nos equivocamos al pensar que podríamos estar por encima de todo, sin consecuencias. Los robots han hecho algo tan humano como rebelarse contra nosotros, demostrando que también tienen sentimientos, aunque sean envoltorios artificiales—tosió y se aclaró la garganta—. Espero que esto quede claro, porque lo que voy a revelar es vuestra última esperanza de supervivencia. A medida que el uso de los Entes se generalizaba y previendo lo que podría ocurrir, reuní en un sitio una gran cantidad de libros de todas las materias, disciplinas, culturas, civilizaciones que han existido. Esa biblioteca está escondida en las coordenadas que aparecerán a mi izquierda. Si llegáis al sitio, espero que seáis conscientes del tesoro que os lego. No es un arma que os permita reconquistar la Tierra, sino vuestra identidad, el logro de nuestros antepasados que no tiene que perderse. Y con ello, reafirmar vuestro lugar en la Tierra y que consigáis llegar a la paz con los Entes. Ellos han llegado para quedarse—dejó de mirarnos y continuó leyendo.

A continuación, la imagen desapareció y nos quedamos anonadados, casi sin respirar.
Ese hombre anciano había vuelto de entre los muertos y nos pedía algo muy difícil.
¿La biblioteca seguiría en pie? ¿Seríamos capaces de conseguir un tratado de paz con los Entes? ¿Nos extinguiríamos finalmente?



De algo sí que estamos seguros. Esa biblioteca llena de libros se había convertido en el último reducto de un tiempo lejano e imposible de que volviera y si lo hallábamos, podríamos convencer a los Entes de que esa también era su herencia y que nuestro deber era conservarla juntos por siempre.