miércoles, 1 de julio de 2015

Carta de la discípula

            
Ha pasado una semana desde que te fuiste Maestra y aún no me lo creo. Tu familia, aquella que pocas veces se acordaba de ti, ahora están desechos por tu partida. Los veo llorar y pienso que es ahora cuando se dan cuenta de lo importante que eras y de que deberían haber estado contigo más tiempo y esto me produce pena y rabia. Son sentimientos contrarios, lo sé, pero me produce un dolor inmenso saber que has tenido que morir para que tu familia sienta esto.

Cuando vi tu rostro rodeado de flores y a ti inmersa en sábanas blancas, en tu descanso merecido, pasaron por mi cabeza todas las cosas que hiciste por mí, Maestra, pero también pienso en aquella cosa que yo quería hacer para ti y que al final no se ha cumplido: reflejar tus memorias, tu pasión por la vida y, sobre todo, tu devoción por los libros. Y eso es lo que haré ahora: una oda a tu persona y a tus hijos, los libros, que a fin de cuentas, ya no tendrán a su dueña para ser leídos.